| El
conocimiento y el poder
La sentencia se escucha cada vez más
a menudo: el conocimiento es poder.
Pero ¿Qué se quiere decir en realidad?
¿Cuál es el poder que se le ofrece a quienes
accedan al Olimpo del conocimiento? ¿Es posible obtener
“el conocimiento” de un modo integral?
Vivimos en un mundo hiperconectado pero poco comunicado,
muy estimulado pero poco informado. La fragmentación
producida por esos estímulos es el signo de nuestro
tiempo. Vamos de una pantalla a otra sin fijar la atención
en ninguna. De la computadora, al televisor; y del televisor
al celular. Accedemos en cuestión de segundos,
con dos o tres clicks, a contenidos que quince años
atrás nos hubiera tomado semanas encontrar.
Miramos en vivo las noticias más lejanas intercaladas
con la novedad del bache en nuestro barrio. En la pantalla
del celular recibimos al instante la foto del nuevo sobrino
en España. Nuestra agenda de “contactos”
crece junto con el ancho de banda. Pero en medio de “tanto”
se diluye el “para que”. Circula mucho contenido,
pero circula desordenado, anárquico, sin jerarquizar.
Siglos de Enciclopedia Británica se rinden ante el
“Llame Ya” de Wikipedia.
Da la sensación que hay mucho conocimiento al alcance
de la mano, pero el poder sigue lejos.
¿No decían que el conocimiento era poder?
Así, parece que no. EL PODER (el de siempre)
ofrece conocimiento desestructurado por todas sus pantallas
para quedarse con el poder real.
El conocimiento desordenado es ruido, confusión,
fragmentación. El conocimiento sistemático
es sinfonía, integración, progreso. Y eso
es lo más parecido al poder. Al poder hacer, al poder
crecer, al poder dejar algo sembrado.
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